Sostenibilidad y Patrimonio (3)


Pasando a la conservación y mantenimiento, un edificio cualquiera,- y más un elemento de nuestro acervo patrimonial,- exige un análisis de características que lleve a un programa de inversiones tendentes, por un lado a corregir daños existentes y por otro a evitar daños futuros, lo que en un Sistema de Gestión de Calidad llamaríamos Acciones Correctivas y Acciones Preventivas. Es decir, exige un presupuesto razonado tan importante como el generado para prever los gastos de explotación, a fin de evitar gastos sorpresa, no contemplados y de tipo catastrófico o semi-catastrófico.

El instrumento que tenemos a mano para organizar este presupuesto, y del que luego hablaremos algo más,  es la especificación técnica GVE.(Gestión de Valor del Edificio)

Esta especificación ha sido publicada este mismo año de 2011 por AENOR, la Asociación Española de Normalización y Certificación, y contiene el método de valoración de inmuebles, dentro de un Sistema de Gestión de la Calidad.

La idea es que, siguiendo el postulado de la Gestión de Calidad, el PLAN, DO, CHECK, ACT, (Planificar, Hacer, Comprobar y Actuar), analizar el edificio y darle una determinada puntuación según su estado, a fin de que, realizando el proceso, pueda hacerse un plan de acción, llevarlo a cabo, chequear sus resultados y actuar corrigiendo lo necesario, comenzando de nuevo el ciclo en un afán de mejora continuada. Las sucesivas puntuaciones de ciclos posteriores irán indicando si las medidas que se están tomando resultan efectivas, cosa que también reflejarán los resultados económicos anuales del edificio.

El tema de la sostenibilidad con su matiz económico ha llegado a calar en el mundo empresarial, y una ciudad, la administración de una ciudad tiene una parte técnica que no se aleja demasiado del funcionamiento de una empresa. Al fin y al cabo, en la cultura anglosajona existe la figura del City Manager, que se ocupa empresarialmente de ciudades sobre los 300.000 habitantes.

El Desarrollo Integral Sostenible (DIS) es un nuevo enfoque de gestión empresarial que busca desarrollar en las organizaciones la capacidad de “re” descubrir el valor agregado de sus actividades y definir estrategias de innovación que incorporen los requisitos ambientales y sociales.

Bajo este enfoque, la empresa procura minimizar la cantidad de recursos utilizados mientras que maximiza la creación de valor económico, social y ambiental y se satisfacen las necesidades y requerimientos de sus grupos de interés (“stakeholders”).

La visión del Desarrollo Sostenible en las empresas va más allá del cumplimiento de regulaciones ambientales, la implementación de conceptos de producción más limpia o políticas de recursos humanos. El objetivo es lograr un equilibrio entre las dimensiones social, económica y ambiental para asegurar la continuidad de la empresa en el largo plazo.

Y por último tenemos que contemplar el deber de transmitir nuestro Patrimonio al futuro. Si todo ha ido bien, si hemos sido capaces de armonizar nuestros presupuestos con las necesidades del edificio, este último rubro está salvado, habiendo marcado, además, un camino para que sea posible la continuidad del proceso. Pero, ¿qué sucede si las cuentas no cuadran? Si el uso que podemos dar al elemento es incapaz de rendir sus gastos de explotación y mantenimiento, si las obras necesarias para ello están fuera de nuestro alcance, el porvenir del elemento patrimonial es el de una progresiva degradación que le lleven camino de la ruina. Usarlo en estas circunstancias, posiblemente agudice sus problemas, aparte de significar una carga insoportable.

No podemos abandonarlo, porque su conservación entra dentro de nuestras obligaciones, así es que habremos de tomar medidas extremas que, quedando al alcance de nuestra economía, consigan la pervivencia del elemento. Hace ya cuarenta años que propuse esto por primera vez en público, y quizás haya llegado la hora de llevarlo a cabo.

Hay que pensar en empaquetar el edificio para enviarlo al futuro.

Puede sonar como una broma o una propuesta más o menos ocurrente, pero pienso sinceramente que es la única solución. No es un trabajo sencillo y requiere un cuidadoso estudio de a qué niveles de protección se debe llegar, cómo actuar para conseguirlos, qué cadencia de inspecciones será necesaria tras el tratamiento y, en general, la planificación que debe llevar cualquier proyecto arquitectónico.

Habrá que comenzar por detectar los problemas existentes y las amenazas latentes, es decir, en lenguaje de la Calidad, determinar las Acciones Correctivas y las Acciones Preventivas. Luego, decidir con qué intensidad va actuarse sobre las labores correctivas, ya que los problemas pueden resolverse yendo desde un simple apuntalamiento convenientemente protegido y vigilado en el tiempo, hasta una inevitable consolidación parcial. Las posibilidades económicas y lo acuciante del problema serán determinantes. Las Acciones preventivas podrán ir desde la oclusión de huecos, el montaje de un sistema de aireación para espacios cerrados, el desmontaje de piezas de difícil protección in situ, el forrado de áreas sensibles, la protección general de la cubierta, el sistema de evacuación de aguas de lluvia o subterráneas, es decir, acciones que se adelanten a los posibles daños previsibles. Un rígido calendario de inspecciones culminará el proceso. Y como sugerencia, habilitar un pequeño espacio visitable, en el vestíbulo o en el acceso previsto para inspecciones, a fin de mostrara el edificio con fotografías, videos o realidad virtual y disponer de folletos con el resumen histórico de la edificación.

La alternativa es dejar que el edificio se arruine e ir gastando dinero en reparaciones por daños que signifiquen riesgos, para acabar transmitiendo al futuro un cadáver viviente. O, también como alternativa, derribar el edificio y prescindir de su transmisión al futuro. Pero ello, sin duda, está fuera del entorno de la sostenibilidad.

Esto nos lleva de nuevo al GVE.

¿Cómo asegurarnos de que nuestros edificios patrimoniales,- y ya independientemente de sus características artísticas, pero con particular incidencia en los que las tengan,- están recibiendo el cuidado que va a permitirles sobrevivir siendo, además,  sostenibles?

La especificación técnica GVE se ocupa de puntuar el valor de un edificio desde los puntos de vista de:

–      La Energía

–      Los Materiales

–      El Mantenimiento

–      La Accesibilidad

–      La Documentación Técnica

–      La Utilización

–      La Seguridad

A través de más de veinte tablas – cuestionario analiza las características del edificio con profundidad suficiente como para llegar a una puntuación fiable, que, al estar descompuesta en distintos rubros, permite detectar las áreas de mejora.

El mecanismo está basado en el Sistema de Gestión de Calidad, como se indicaba antes, y propone, según su base de partida, un proceso de mejora continuada.

Tiene, incluso, una clasificación de edificios, según su puntuación, lo que permite establecer jerarquías que, en el caso de los Elementos Monumentales, deberán ser corregidas mediante consideraciones de singularidad. Cuando dirigí el Plan Especial del Barrio Antiguo de Salamanca, y precisamente a fin de sugerir inversiones prioritarias, hice un intento de clasificación de elementos monumentales por su importancia, reuniendo a una serie de expertos en Arte, Arquitectura y Comunicación y sometiéndoles a un test de clasificación motivada, que resultó muy interesante. Algo de este tipo sería un ingrediente más para el establecimiento jerárquico de prioridades, ya que el dinero no es infinito,- en contra de lo que Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y Gobierno de la Nación han pretendido en nuestro pasado reciente,- y, en muchas ocasiones habrá que decidir qué necesidades atender en primer lugar.

Las clasificaciones A, doble A y triple A propuestas por la especificación técnica y corregidas con un parámetro o unos parámetros de singularidad, pueden dar la ayuda necesaria.

No quiero dejar de nombrar el programa CERMA R, desarrollado por el Instituto Valenciano de la Edificación, que permite analizar las condiciones energéticas de un edificio existente, de cara a su rehabilitación. Como su antecesor CERMA, un magnífico programa, de gran utilidad para conocer en qué puntos debe actuarse con más intensidad, a fin de conseguir la máxima rentabilidad en la mejora energética.

El programa pide una cantidad de datos, rigurosa y sagazmente agrupados, diferenciando plantas, huecos, orientaciones, características constructivas, materiales, etc., dentro de un área geográfica nacional cuyas características recoge la base de datos del programa.

Se ocupa también del entorno, pidiendo alturas y distancias de edificios en diferentes orientaciones, a fin de controlar la incidencia de las sombras, así como las interconexiones entre espacios habitados o no habitados, ambientes húmedos, pisos en contacto con suelo o con el exterior, etc.

Los resultados más destacados son: detalle de la estimación de la calificación global y de las calificaciones asignadas a calefacción, refrigeración; demanda mensual y anual de energía de calefacción, refrigeración y ACS; consumo de energía (energía final) mensual y anual de calefacción, refrigeración y ACS; emisiones de CO2 fósil mensual y anual de calefacción, refrigeración y ACS.

La parte más interesante dl programa viene de mano del apartado del análisis, en el que se contempla, en primer lugar, la cantidad de CO2 emitida, se indica qué elementos  y en qué cuantía la produce, y sugiere soluciones para reducir las emisiones.

De la misma manera va contemplando diferentes aspectos y, finalmente realiza la comparación entre el edificio inicial y el rehabilitado.

El programa emite 5 tipos de informes distintos:

  • • Informe de evaluación energética edificio existente
  • • Informe de evaluación energética edificio rehabilitado
  • • Mejoras posibles (edificio existente)
  • • Mejoras posibles (edificio rehabilitado)
  • • Informe Comparativa de ahorros estado actual-estado mejorado.

La herramienta base, el CERMA que estamos utilizando para decidir sobre proyectos para edificios de nueva planta, está funcionando ya desde hace algún tiempo y puedo asegurar que resulta utilísimo, con la buena noticia de que está aceptado oficialmente, pudiendo olvidarnos del LIDER.

El CERMA-R, al que me estoy refiriendo, está en su versión beta, pero merece la pena aplicarlo.

La sostenibilidad de nuestro Patrimonio edificado ha pasado a ser un problema básicamente técnico, en el que el diseño de las soluciones y apariencias finales tiene un reto de primera categoría, con el uso de un lenguaje arquitectónico de muy diferentes exigencias al que se ha estado empleando en las rehabilitaciones espectaculares.

Y los políticos habrán de aprender que este nuevo lenguaje es el que es necesario hablar de ahora en adelante, si queremos que nuestros elementos patrimoniales tengan el carácter de sostenibilidad que permita conservarlos y transmitirlos al futuro.

Y, para acabar, recordar el principio básico de la Calidad:

” El que no intenta ser mejor cada día, deja de ser bueno.”

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