Archivo del Autor: perlyblog

Acerca de perlyblog

Arquitecto. He dirigido los Planes maestros de Ponce, en Puerto Rico y de La Habana Vieja en Cuba, así como el plan integral de desarrollo de Vigan, en Filipinas. Llevé la Zona 10(Chamberí) en el vigente Plan De Ordenación Urbana de Madrid. He hecho muchas viviendas de Protección Pública y he restaurado edificios antiguos, como la catedral de salamanca, por ejmplo. Ahora estoy programando para android y escribiendo. He publicado algunos libros. Me gusta tocar el saxo tenor, aunque no lo hago bien. También me gusta la fotografía y troto cada mañana cinco o seis kilómetros. Soy muy viejo.

Un libro que cambio mi vida

No es fácil decidir qué sucesos han cambiado tu vida, aunque al llegar a la vejez contabilizas tantas alternativas causantes de tantas equivocadas decisiones que podrías hacer un abrumador listado de posibles focos de cambio. Sin embargo, al plantearme la pregunta inquiriendo qué libro cambió mi vida, inmediatamente apareció la imagen del hoy un viejo tomo, que lucía radiante allá por 1948, a mis doce años.

Puede pensarse que la experiencia de vida de poco más de una década carecería de carga suficiente como para experimentar un cambio, pero considero que marcar una dirección determinada que iba a condiconar mi futuro tiene importancia suficiente como para considerar ese libro como la base de un cambio.

Me lo regaló mi padre en mi duodécimo cumpleaños, en 1948. Tenía una sobrecubierta de papel brillante con el dibujo de un bisonte de Altamira, que, hoy desaparecida, se hace recordar por la estampación del mismo bisonte sobre la tapa de cartón. El libro pesaba haciéndose notar sobre las manos al abrirlo, con sus setecientas nueve páginas, aparte de dibujos tanto en negro como en color, luciendo en las guardas anteriores unos esquemas que rezan: “Si conserváis bien grabado en la mente este bosquejo general de las artes, nunca andaréis descaminados”, mientras en las posteriores presenta: “También podéis recordar los períodos del arte asociándolos con los vestidos que llevaba la gente”.

Reparada mediante cinta adhesiva, una tabla que comprende las tendencias artísticas desde el siglo XII al XIX. El libro, ya es hora de decir su nombre, “Las Artes”, de Hendrik Willem Van Loon, en la edición española de 1946, traducida por Mario Ruiz Ferrán y comprado, según un discreto sello, en la librería Pueyo, Puerta del Sol 1 en Madrid.

Recuerdo que nada más verlo, me pareció un tesoro. Tenía tal ansiedad por comenzar a leerlo, que, en mi precipitación, rasgué ligeramente la tabla desplegable a la que antes me refería, originando con ello el daño ya mencionado que ocasionarían múltiples aperturas. El libro me fascinó. La habilidad del autor para mantener una narración coloquial, siempre seriamente planteada y para presentar el arte como un camino con el que recorrer la historia de la humanidad me convencieron de que ese itinerario era el que debía seguirse para entender todo lo que había sucedido hasta ese día de mi cumpleaños y el que me permitiría caminar en adelante. Lo consulté muchas veces.

Ahora, superados mis ochenta años, ya apenas ejerciendo mi profesión de arquitecto,  he vuelto la vista atrás para sacar del estante de una de  mis librerías,- porque hasta hoy me ha acompañado,- el libro que cambió mi vida orientándola.

Volver a leerlo será un magnífico epílogo.

Anuncios

Patrimonio industrial

Patrimonio Industrial.

Aunque resulta muy loable la corriente de protección del Patrimonio Industrial y yo, de hecho, he participado en campañas en España y fuera de nuestro país para la conservación de elementos patrimoniales de este tipo, estoy viendo con inquietud que se están defendiendo muchas cosas simplemente por ser viejas. Ese criterio de anticuario no creo sea sano para el análisis ajustado del Patrimonio Industrial, ya que el intento de ampliar excesivamente la protección puede malograr la conservación de los elementos realmente valiosos y significativos, por un puro problema económico. En mi humilde opinión, pienso debiera hacerse un estudio que, para un resultado positivo, considerase: que el elemento, históricamente, haya tenido una influencia relevante en la vida de su entorno, que sea un hito del asentamiento, que haya sido industrialmente modélico o forme parte de una tipología culturalmente esencial, que su recuperación signifique una aportación positiva, es decir, que no haya que “inventar” un uso que resulte o pueda resultar efímero, sino que sea dotación para un uso necesario, que su estado de conservación lo haga recuperable, o, lo que es lo mismo, que su rehabilitación sea más barata que erigir un nuevo elemento para el uso elegido y, por último, que esté asegurado su auto mantenimiento en condiciones que le permitan pervivir y ser transmitido al futuro. Estos criterios, con los distintos pesos que cada uno deba tener en cada caso y que sirven también de base  para otros elementos patrimoniales, pueden conducir a un uso más sensato de los caudales públicos

Patrimonio Rentable

El Gobierno regional pretende reformar la Ley de Patrimonio Histórico, vigente desde hace 15 años, con el fin de conjugar la protección cultural de los edificios con la promoción de la actividad económica en la región.

Desde la Comunidad de Madrid consideran que la actual ley se ha quedado obsoleta y necesita ciertas modificaciones. El objetivo es que la protección de los edificios y los extensos trámites burocráticos que requiere la legislación no sean un obstáculo que haga que los inversores interesados en proyectos en la región den marcha atrás.

Son muchas las empresas interesadas en montar negocios en estos edificios protegidos, principalmente situados en el centro de la capital. Uno de los últimos casos es el del Palacio de la Música, en plena Gran Vía, ahora mismo inutilizado y sobre el que han puesto sus ojos varios grupos textiles. El nuevo anteproyecto de ley, que el Consejo de Gobierno podría aprobar este jueves, establece importantes novedades.

Hasta aquí la noticia, que me alegra. Llevo cuarenta años defendiendo que los elementos patrimoniales deben ser capaces de mantenerse por sí mismos. Es necesaria legislación e imaginación a fin de dejar de ver cómo languidecen, se ajan y destruyen elementos “protegidos” mediante la política del “NO”. La tendencia a una política de inactividad relacionada con el Patrimonio Arquitectónico ha costado ya demasiadas víctimas. Históricamente, los elementos patrimoniales se han aprovechado para el presente y sus circunstancias, y eso es lo social y culturalmente correcto. En vez de utilizar los vestigios del pasado, se ha preferido imitarlos con fines turísticos en edificaciones de nueva planta, despreciando las posibilidades de lo existente. Y así es nuestra historia.

Espero con ansiedad lo que la política puede hacer de una decisión saludable.

 

Otra ciudad

Una gran ciudad deja de ser grande cuando se vive en ella. La propia actividad, las obligaciones consuetudinarias, reducen de tamaño el excesivo plano que el turista despliega con veneración, intentando comprender, a través de la deformada tela de araña, el entorno en sus tres dimensiones, que pasan a ser inmediatamente cuatro cuando comienzan a programarse actividades para rellenar productivamente el tiempo disponible.

Para el habitante, gran parte de la gran ciudad no existe. Nunca ha estado allí y no espera ir nunca. Por el momento, al menos, no ve motivo alguno para emplear el tiempo y el dinero necesarios para llegar hasta un lugar que no le ofrece atractivo alguno y exige otra dosis de dinero y tiempo para salir de él.

Cada individuo tiene, en la gran ciudad, su entorno perfectamente delimitado. No como un continuum espacial, sino como el puzle formado por ámbitos diversos que se conectan a través de los minutos o las horas empleados para unirlos, envasados en el recipiente metálico del autobús, el metro o el automóvil. El espacio próximo está delimitado por los caminos que conducen a las comunicaciones diarias, la calle propia, las manzanas colindantes, con sus bordes, el lugar de trabajo. Salir a dar un paseo, a tomar el fresco, a beber una cerveza son actividades que marcan senderos específicos que se hacen camino al ser andados muchas veces al año. El espacio cercano lo definen los entornos de las casas de los parientes, los afectos, las ideas y creencias, las aficiones, los amigos, los sitios de reunión establecidos. El espacio eventual lo marcan lugares de ocio posibles, los tanatorios y cementerios, los hospitales.

Todos estos espacios, estos ámbitos unidos, conforman la ciudad personal, cuyo tamaño nada tiene que ver con el de la gran ciudad base. La suma de las ciudades personales de todos los habitantes conforma la gran ciudad. Y no hay dos ciudades personales idénticas, porque aun en parejas de individuos con el mismo centro de trabajo, los mismos amigos, los mismos lugares de reunión, siempre habrá alguna actividad no compartida o, lo que es lo mismo en cuanto a la conformación de la ciudad propia, alguna actividad compartida por obligación, alguna actividad coaccionada cuyo ámbito no merece entrar en la composición de la ciudad personal.

Cuando una masa de público se concentra en un espectáculo, un concierto, un partido de futbol, podría definirse una nueva ciudad aglomerando las ciudades personales de los espectadores. Esta ciudad sería, posiblemente, seguramente, otra gran ciudad que excluiría a sectores sin capacidad adquisitiva o sin apetencias para acceder a ese tipo de eventos. Un concierto de música clásica, una representación de ópera, daría una ciudad relativamente restringida que sufriría grandes claros al superponerla al plano del turista.

La mezcla de nacionalidades da la sugerente posibilidad de mezclar la ciudad real con la ciudad virtual del recuerdo. El inmigrante trae con él su más o menos lejana ciudad personal, que ha de dejar paso al nuevo hábitat que se impone en su realidad de cada día, fingiendo, al principio, similitudes que poco a poco se van diluyendo en detrimento de la nostalgia. El ser humano que comparte, por razón de trabajo, por circunstancias de vida, dos ciudades es, realmente, dos personas, porque no se pueden tener dos ciudades personales, a no ser que su cabeza sea capaz de unirlas formando un híbrido que se desdoble alternándose en ciudad real y ciudad virtual. Interesante situación, por otra parte, comparable a un fenómeno onírico y, posiblemente, favorable para el individuo, al permitirle desplazar su estado de ánimo de acuerdo con sus necesidades síquicas.

La ciudad personal crece con los fenómenos en los que el individuo se ve implicado. Un tema como la unión con una pareja, amplía el ámbito, incorporando parte del espacio cercano  al espacio próximo. La ruptura de esa relación desdibuja un sector del espacio próximo e, incluso, del espacio cercano, constituyendo una parcela cercada cuyos componentes, previsiblemente, se irán difuminando hasta que sea la cerca el único vestigio de ese espacio.

Y, naturalmente, cada espacio tiene un contenido cultural que, careciendo de bordes materiales, contagiará al resto de los espacios en la proporción que en cada caso sea posible. Si volvemos al fenómeno de la pareja, el espacio cercano convertido en próximo traerá consigo la carga cultural que le es propia. El individuo asimilará parte de esa carga y puede suceder que, acabada la relación, el vestigio que reste sea puramente cultural, persistiendo a pesar de la desaparición de lo acotado por la cerca que aísla lo acabado. Lo acabado, con sus recuerdos entra en una ciudad virtual de iguales características que la abandonada por el emigrante y con mayor o menor fuerza en relación con el impacto sicológico que el abandono de lo acabado haya producido.

Sostenibilidad y Patrimonio (3)

Pasando a la conservación y mantenimiento, un edificio cualquiera,- y más un elemento de nuestro acervo patrimonial,- exige un análisis de características que lleve a un programa de inversiones tendentes, por un lado a corregir daños existentes y por otro a evitar daños futuros, lo que en un Sistema de Gestión de Calidad llamaríamos Acciones Correctivas y Acciones Preventivas. Es decir, exige un presupuesto razonado tan importante como el generado para prever los gastos de explotación, a fin de evitar gastos sorpresa, no contemplados y de tipo catastrófico o semi-catastrófico.

El instrumento que tenemos a mano para organizar este presupuesto, y del que luego hablaremos algo más,  es la especificación técnica GVE.(Gestión de Valor del Edificio)

Esta especificación ha sido publicada este mismo año de 2011 por AENOR, la Asociación Española de Normalización y Certificación, y contiene el método de valoración de inmuebles, dentro de un Sistema de Gestión de la Calidad.

La idea es que, siguiendo el postulado de la Gestión de Calidad, el PLAN, DO, CHECK, ACT, (Planificar, Hacer, Comprobar y Actuar), analizar el edificio y darle una determinada puntuación según su estado, a fin de que, realizando el proceso, pueda hacerse un plan de acción, llevarlo a cabo, chequear sus resultados y actuar corrigiendo lo necesario, comenzando de nuevo el ciclo en un afán de mejora continuada. Las sucesivas puntuaciones de ciclos posteriores irán indicando si las medidas que se están tomando resultan efectivas, cosa que también reflejarán los resultados económicos anuales del edificio.

El tema de la sostenibilidad con su matiz económico ha llegado a calar en el mundo empresarial, y una ciudad, la administración de una ciudad tiene una parte técnica que no se aleja demasiado del funcionamiento de una empresa. Al fin y al cabo, en la cultura anglosajona existe la figura del City Manager, que se ocupa empresarialmente de ciudades sobre los 300.000 habitantes.

El Desarrollo Integral Sostenible (DIS) es un nuevo enfoque de gestión empresarial que busca desarrollar en las organizaciones la capacidad de “re” descubrir el valor agregado de sus actividades y definir estrategias de innovación que incorporen los requisitos ambientales y sociales.

Bajo este enfoque, la empresa procura minimizar la cantidad de recursos utilizados mientras que maximiza la creación de valor económico, social y ambiental y se satisfacen las necesidades y requerimientos de sus grupos de interés (“stakeholders”).

La visión del Desarrollo Sostenible en las empresas va más allá del cumplimiento de regulaciones ambientales, la implementación de conceptos de producción más limpia o políticas de recursos humanos. El objetivo es lograr un equilibrio entre las dimensiones social, económica y ambiental para asegurar la continuidad de la empresa en el largo plazo.

Y por último tenemos que contemplar el deber de transmitir nuestro Patrimonio al futuro. Si todo ha ido bien, si hemos sido capaces de armonizar nuestros presupuestos con las necesidades del edificio, este último rubro está salvado, habiendo marcado, además, un camino para que sea posible la continuidad del proceso. Pero, ¿qué sucede si las cuentas no cuadran? Si el uso que podemos dar al elemento es incapaz de rendir sus gastos de explotación y mantenimiento, si las obras necesarias para ello están fuera de nuestro alcance, el porvenir del elemento patrimonial es el de una progresiva degradación que le lleven camino de la ruina. Usarlo en estas circunstancias, posiblemente agudice sus problemas, aparte de significar una carga insoportable.

No podemos abandonarlo, porque su conservación entra dentro de nuestras obligaciones, así es que habremos de tomar medidas extremas que, quedando al alcance de nuestra economía, consigan la pervivencia del elemento. Hace ya cuarenta años que propuse esto por primera vez en público, y quizás haya llegado la hora de llevarlo a cabo.

Hay que pensar en empaquetar el edificio para enviarlo al futuro.

Puede sonar como una broma o una propuesta más o menos ocurrente, pero pienso sinceramente que es la única solución. No es un trabajo sencillo y requiere un cuidadoso estudio de a qué niveles de protección se debe llegar, cómo actuar para conseguirlos, qué cadencia de inspecciones será necesaria tras el tratamiento y, en general, la planificación que debe llevar cualquier proyecto arquitectónico.

Habrá que comenzar por detectar los problemas existentes y las amenazas latentes, es decir, en lenguaje de la Calidad, determinar las Acciones Correctivas y las Acciones Preventivas. Luego, decidir con qué intensidad va actuarse sobre las labores correctivas, ya que los problemas pueden resolverse yendo desde un simple apuntalamiento convenientemente protegido y vigilado en el tiempo, hasta una inevitable consolidación parcial. Las posibilidades económicas y lo acuciante del problema serán determinantes. Las Acciones preventivas podrán ir desde la oclusión de huecos, el montaje de un sistema de aireación para espacios cerrados, el desmontaje de piezas de difícil protección in situ, el forrado de áreas sensibles, la protección general de la cubierta, el sistema de evacuación de aguas de lluvia o subterráneas, es decir, acciones que se adelanten a los posibles daños previsibles. Un rígido calendario de inspecciones culminará el proceso. Y como sugerencia, habilitar un pequeño espacio visitable, en el vestíbulo o en el acceso previsto para inspecciones, a fin de mostrara el edificio con fotografías, videos o realidad virtual y disponer de folletos con el resumen histórico de la edificación.

La alternativa es dejar que el edificio se arruine e ir gastando dinero en reparaciones por daños que signifiquen riesgos, para acabar transmitiendo al futuro un cadáver viviente. O, también como alternativa, derribar el edificio y prescindir de su transmisión al futuro. Pero ello, sin duda, está fuera del entorno de la sostenibilidad.

Esto nos lleva de nuevo al GVE.

¿Cómo asegurarnos de que nuestros edificios patrimoniales,- y ya independientemente de sus características artísticas, pero con particular incidencia en los que las tengan,- están recibiendo el cuidado que va a permitirles sobrevivir siendo, además,  sostenibles?

La especificación técnica GVE se ocupa de puntuar el valor de un edificio desde los puntos de vista de:

–      La Energía

–      Los Materiales

–      El Mantenimiento

–      La Accesibilidad

–      La Documentación Técnica

–      La Utilización

–      La Seguridad

A través de más de veinte tablas – cuestionario analiza las características del edificio con profundidad suficiente como para llegar a una puntuación fiable, que, al estar descompuesta en distintos rubros, permite detectar las áreas de mejora.

El mecanismo está basado en el Sistema de Gestión de Calidad, como se indicaba antes, y propone, según su base de partida, un proceso de mejora continuada.

Tiene, incluso, una clasificación de edificios, según su puntuación, lo que permite establecer jerarquías que, en el caso de los Elementos Monumentales, deberán ser corregidas mediante consideraciones de singularidad. Cuando dirigí el Plan Especial del Barrio Antiguo de Salamanca, y precisamente a fin de sugerir inversiones prioritarias, hice un intento de clasificación de elementos monumentales por su importancia, reuniendo a una serie de expertos en Arte, Arquitectura y Comunicación y sometiéndoles a un test de clasificación motivada, que resultó muy interesante. Algo de este tipo sería un ingrediente más para el establecimiento jerárquico de prioridades, ya que el dinero no es infinito,- en contra de lo que Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y Gobierno de la Nación han pretendido en nuestro pasado reciente,- y, en muchas ocasiones habrá que decidir qué necesidades atender en primer lugar.

Las clasificaciones A, doble A y triple A propuestas por la especificación técnica y corregidas con un parámetro o unos parámetros de singularidad, pueden dar la ayuda necesaria.

No quiero dejar de nombrar el programa CERMA R, desarrollado por el Instituto Valenciano de la Edificación, que permite analizar las condiciones energéticas de un edificio existente, de cara a su rehabilitación. Como su antecesor CERMA, un magnífico programa, de gran utilidad para conocer en qué puntos debe actuarse con más intensidad, a fin de conseguir la máxima rentabilidad en la mejora energética.

El programa pide una cantidad de datos, rigurosa y sagazmente agrupados, diferenciando plantas, huecos, orientaciones, características constructivas, materiales, etc., dentro de un área geográfica nacional cuyas características recoge la base de datos del programa.

Se ocupa también del entorno, pidiendo alturas y distancias de edificios en diferentes orientaciones, a fin de controlar la incidencia de las sombras, así como las interconexiones entre espacios habitados o no habitados, ambientes húmedos, pisos en contacto con suelo o con el exterior, etc.

Los resultados más destacados son: detalle de la estimación de la calificación global y de las calificaciones asignadas a calefacción, refrigeración; demanda mensual y anual de energía de calefacción, refrigeración y ACS; consumo de energía (energía final) mensual y anual de calefacción, refrigeración y ACS; emisiones de CO2 fósil mensual y anual de calefacción, refrigeración y ACS.

La parte más interesante dl programa viene de mano del apartado del análisis, en el que se contempla, en primer lugar, la cantidad de CO2 emitida, se indica qué elementos  y en qué cuantía la produce, y sugiere soluciones para reducir las emisiones.

De la misma manera va contemplando diferentes aspectos y, finalmente realiza la comparación entre el edificio inicial y el rehabilitado.

El programa emite 5 tipos de informes distintos:

  • • Informe de evaluación energética edificio existente
  • • Informe de evaluación energética edificio rehabilitado
  • • Mejoras posibles (edificio existente)
  • • Mejoras posibles (edificio rehabilitado)
  • • Informe Comparativa de ahorros estado actual-estado mejorado.

La herramienta base, el CERMA que estamos utilizando para decidir sobre proyectos para edificios de nueva planta, está funcionando ya desde hace algún tiempo y puedo asegurar que resulta utilísimo, con la buena noticia de que está aceptado oficialmente, pudiendo olvidarnos del LIDER.

El CERMA-R, al que me estoy refiriendo, está en su versión beta, pero merece la pena aplicarlo.

La sostenibilidad de nuestro Patrimonio edificado ha pasado a ser un problema básicamente técnico, en el que el diseño de las soluciones y apariencias finales tiene un reto de primera categoría, con el uso de un lenguaje arquitectónico de muy diferentes exigencias al que se ha estado empleando en las rehabilitaciones espectaculares.

Y los políticos habrán de aprender que este nuevo lenguaje es el que es necesario hablar de ahora en adelante, si queremos que nuestros elementos patrimoniales tengan el carácter de sostenibilidad que permita conservarlos y transmitirlos al futuro.

Y, para acabar, recordar el principio básico de la Calidad:

” El que no intenta ser mejor cada día, deja de ser bueno.”

Sostenibilidad y Patrimonio (2)

Cuando dirigí el Plan Maestro de la Habana Vieja, mi mayor preocupación fue acotar las condiciones necesarias para defender al Conjunto de los efectos de una organización turística que previsiblemente llegará con dinero y ansias de promoción a una ciudad muy necesitada de reparación y rehabilitación y que corre el riesgo,- y en este caso, de gran intensidad,- de pasar a ser el Parque Temático del Caribe. No sé si, llegado el momento, se respetarán las directivas que dimos, pero tengo la conciencia tranquila al respecto.

Porque la sostenibilidad de los edificios comienza por la ciudad. Trabajo actualmente en un Sistema de Gestión de Valoración de Espacios Urbanos, en el que la sostenibilidad tiene un papel importante. Fueron ciudades con propósitos sostenibles aquellas del sur en el que la sombra era un componente del diseño, o aquellas del norte en el que el componente era la lluvia y en las que los soportales eran una defensa imprescindible para edificios y habitantes. Mientras no hubo otra defensa contra las condiciones climatológicas, sólo undiseño sensato de las edificaciones sirvió como estrategia de sostenibilidad, pero cuando la técnica entró a formar parte de una sociedad capacitada para el derroche, cuestiones como orientación de las calles, direcciones de vientos dominantes, características climatológicas fueron obviadas en los nuevos trazados,  pensando en que la tecnología tenía respuestas contra las agresiones que todo ello podía comportar. Pero ha llegado el tiempo de las vacas flacas. Y sea enhorabuena si ello nos lleva a replantearnos la morfología de la ciudad, haciéndonos repensar las características del hábitat.

Si pasamos ahora a hablar sobre las edificaciones que constituyen el Patrimonio edificado protegido, hemos de comenzar diciendo que la ciudad con un importante patrimonio de este tipo, tiene, sin duda, una pesada carga de mantenimiento. Otra cosa es que realmente la soporte, o que la soporte sensatamente.

No es fácil encontrar una ciudad con unos Bienes Patrimoniales edificados en número importante, que sea capaz de mantenerlos y conservarlos de forma adecuada, simplemente  por un puro problema económico.

Siendo sensatos, debemos tender a intentar que los edificios se auto mantengan, y debemos trabajar en ese sentido. Para muchas corporaciones, entes y organismos oficiales, los edificios representativos han sido una tentación. Igual que para los bancos y las aseguradoras, porque un edificio representativo da una sensación de seriedad, de solvencia, que no otorga un normal edificio de oficinas.

Esto se me hacía patente cuando trabajaba llevando la Zona 10 del vigente Plan de Ordenación Urbana de Madrid. El lateral Oeste de La Castellana, que estaba en mi circunscripción, es un ejemplo demostrativo de esta forma de funcionar. Bancos y Compañías de Seguros,- la gente que necesita mayor confianza de su clientela,- han sentado sus reales en la zona, conservando, en lo posible, vestigios del esplendor de las construcciones pasadas. Se ayudan visual y ambientalmente unos a otros, consiguiendo esa imagen de respetabilidad que buscan.

La diferencia entre las entidades particulares y las oficiales, es que las primeras tienen en su presupuesto el mantenimiento de los edificios, y las segundas, raramente. O tienen unas cantidades insuficientes, lo que lleva a atender los problemas de conservación cuando estos han llegado a ser realmente graves y, con frecuencia, irreversibles. Tenemos el país lleno de edificios representativos oficiales faltos de los cuidados que aseguren su transmisión impoluta al futuro.

Sobre algunos se ha intervenido para poder usarlos con un determinado cometido, y han nacido recetas de gran lucimiento, de las que, sin duda, todos tenemos ejemplos en nuestras ciudades. Para palacios, conventos o grandes casas solariegas, si había dinero suficiente, se cubría el patio. Si no había tanto, se cerraban con vidrio las arcadas del claustro. En el primer caso se consigue un espacio en el que la relación m3/m2 resulta de una magnitud inadmisible. A cambio de obtener los m2 del patio,- en muchos casos destinados a actos sociales, conferencias o audiciones, es decir, a usos complementarios,-hemos obtenido una impresionante cantidad de m3 necesitados de climatizar. Y no olvidemos la detestable costumbre del aire caliente de situarse en lo más alto del espacio disponible.

En el segundo caso, hemos incorporado por confort una también importante cantidad de m3 a las necesidades de climatización del edificio. En ambos casos, nos hemos condenado a emplear una fortuna en energía cada año y para siempre. No puede hablarse de sostenibilidad.

La política del derroche representativo va contra la sostenibilidad y, por ende, contra la conservación del Patrimonio. Es necesario cambiar de dirección.

Como antes señalaba, el derecho al uso y disfrute del Patrimonio es algo incontrovertible. La obligación de su conservación, también. E igualmente el deber de su transmisión al futuro.

Pues trabajemos en ese sentido.

Empecemos por el uso y disfrute.  En un edificio transformado para albergar funciones administrativas, el elemento debe tener las características necesarias como para desarrollar en él una actividad básicamente sedente. Estamos hablando de oficinas, despachos, salas de reuniones, por lo que necesitamos un nivel de climatización al menos sensato, que no haga necesario quitarse ropa en invierno ni ponérsela en verano, situación más habitual de lo que parece. El problema está en que los edificios que estamos utilizando, o que deseamos utilizar para estos menesteres, suelen ser de techos altos, paredes masivas y escaso aislamiento del frio y el agua en sus zonas de asiento.

Vamos por ahora a ocuparnos de la climatización, porque es la piedra de toque en cuanto a costos fijos. He hecho una simulación simple de eficiencia energética sobre un edificio teórico de planta de 256 m2 y volumen total de 1024 m3, que corresponden a una altura de techo de 4 metros. He supuesto que el edificio tiene muros de piedra en dos hojas, de 70 centímetros totales de espesor, y cubierta convencional. Aplicando la herramienta oficial que nos proporciona el vigente Código Técnico de la Edificación, el deficiente, mal pensado y mal resuelto programa LIDER, he comparado esa situación inicial con la resultante de aislar simplemente las paredes de dicho edificio, es decir, la obra menos invasiva y dañina, así como la más económica. He colocado 8 cm de lana mineral y un panel de cartón yeso para dar un acabado perfectamente liso al interior. Ello me ha disminuido la superficie total de la edificación en 7,76 m2 y me ha rebajado las necesidades de climatización en un 9,7%.

Depende del tipo de calefacción y del combustible, pero haciéndolo fácil, si se emplease electricidad, el costo de la operación se hubiera amortizado en nueve meses. Obras algo más complicadas, como el aislamiento de la cubierta y una bien pensada colocación de falsos techos, pueden llevarnos a ahorros de energía superiores al 50%, con costos razonablemente amortizables. No sólo se puede actuar sobre el gasto con el aislamiento, sino también con las disminuciones de volumen y la organización funcional.

Sostenibilidad y Patrimonio (1)

Nuestro Patrimonio está compuesto por tres grupos patrimoniales:

a) Patrimonio Natural, las aguas, las tierras, el aire, los minerales, el mundo animal.

b) Patrimonio Cultural, lo realizado por el hombre a partir de su inteligencia con o sin el aprovechamiento de los medios naturales.

c) Patrimonio Mixto, las transformaciones que el hombre ha hecho sobre la naturaleza, los jardines, los paisajes transformados por talas, plantaciones, las acciones extractivas de minerales,  las acciones sobre el agua, los pozos, las presas, las alteraciones de cursos de ríos, los vestigios rupestres…

Como características básicas del Patrimonio, encontramos el derecho a disfrutarlo, la obligación de mantenerlo y conservarlo y el deber de transmitirlo al futuro.

Si nos detenemos en la definición de sostenibilidad dada por  el Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Comisión Brundtland en 1987):

“Es el desarrollo que satisface las necesidades actuales
de las personas sin comprometer la capacidad
de las futuras generaciones para satisfacer las suyas.”[1]

Hay una gran conexión entre la idea de la conservación del Patrimonio y la de Sostenibilidad.

Si nos atenemos al tema de esta conferencia, hemos de tocar, básicamente, los aspectos del Patrimonio Urbano y de modo especial aquellos Bienes Patrimoniales que tienen, por sus valores, la característica de Protegidos, según las leyes vigentes.

Pueden ser barrios o pueblos enteros, edificios o grupo de edificaciones y jardines.

Si hablamos de conjuntos,- normalmente apellidados “históricos”, con gran impropiedad, porque tan históricos son Brasilia, Chandigarh o las New Town inglesas como Santillana del Mar o Cartago,-  nos encontramos con el primer problema, el primer choque entre la sostenibilidad y el cuidado de nuestro Patrimonio Urbano, porque una de las ambiciones de estos conjuntos es su desarrollo.

Hay mucha gente que señala que el binomio “desarrollo sostenible” constituye un oxímoron, es decir, la unión de dos conceptos contrapuestos, una contradicción en suma, una manipulación de los “desarrollistas”, de los partidarios del crecimiento económico, que pretenden hacer creer en su compatibilidad con la sostenibilidad ecológica (Naredo, 1998; García, 2004; Girault y Sauvé, 2008).

Cuando las autoridades locales están apoyando el desarrollo del ente urbano a través del turismo propiciado por una Declaración, según nuestra legislación, de “Conjunto Histórico- Artístico”, o, en su caso, la Declaración de “Ciudad Patrimonio de la Humanidad”, en la acepción de UNESCO, no están pensando básicamente en la oportunidad de conservar y transmitir dignamente el Patrimonio recibido, sino en los beneficios económicos que la explotación producirá. Y ello nos lleva a la creación de parques temáticos tan estereotipados como pueden ser Euro Disney o la Warner, con tabernas y mesones, trajes regionales en los empleados de hostelería, decoraciones etnológicas y, lo que es más grave, arquitecturas miméticas que van convirtiendo al conjunto en una deplorable imitación de sí mismo. Estas actuaciones tiene, además, una característica que pasa desapercibida. Como, por puro momento histórico, los Conjuntos protegidos tienen como motivo la característica común de estar desarrollados en época preindustrial, los materiales utilizados a través de siglos han sido los mismos: los disponibles en la proximidad. No obstante, quedándose en la forma, se está despreciando el contenido cultural que significan los cambios de estilos y planteamientos arquitectónicos y urbanísticos, movidos tanto por la idea como por la técnica.

Nuestros antepasados trabajaron siempre,- o casi siempre,- según su momento. Y se da la paradoja de que, si hubiera existido una de nuestras Comisiones de Patrimonio en la antigüedad, nunca se hubiera construido el barroco jesuítico de La Clerecía de Salamanca, frente a la Casa de las Conchas, un inmueble gótico reformado para convertirlo en un renacimiento Reyes Católicos como regalo de boda entre un Maldonado y una Pimentel, de cuyo escudo nacen las veneras que adornan la fachada de la casa. Casa que la Comisión del Patrimonio no hubiera dejado reformar, dado que se alteraban las angostas ventanas y las puertas de menos de dos metros de altura por grandes aberturas a la calle y generosos pasos entre habitaciones.

Como inciso, quiero hacer notar con qué naturalidad se contempla y acepta la colocación de faroles fernandinos en conjuntos medievales, mientras que existen reticencias en el uso de luminarias actuales. Al parecer, el anacronismo, si lo es tanto para el pasado como para el presente, es admisible.

Ese proceder que describo, no significa, desde luego, sostenibilidad. Porque, además, la experiencia nos dice que suele existir transformación del tejido urbano,- parte constitutiva del Patrimonio de la ciudad,- a fin de,- por poner ejemplos tomados de la realidad, mejorar la contemplación de la fachada de una edificación singular, alterando aspecto y propósito inicial, pongo por caso.

La vista de estas acciones está puesta en el turismo, que, una vez obtenida una cierta patente, es la gallina de los huevos de oro. Intentando suavizar el impacto, el Ministerio de Medio Ambiente y la Fundación Biodiversidad de Iberia, en una actitud algo cándida, pusieron en marcha el “Decálogo del Turista”, que tenía por objeto la sensibilización y la concienciación de los ciudadanos, promoviendo conductas responsables y buenas prácticas ambientales durante las vacaciones de verano.

Iberia colocó un folleto divulgativo en los bolsillos de los asientos de los aviones durante el periodo estival de 2006. Esas piezas contenían un decálogo sobre turismo sostenible con consejos prácticos para que los turistas se concienciasen de lo que debían o no hacer en sus destinos y por qué sus acciones podían poner en peligro la riqueza biológica del lugar que se visita. Las “Diez recomendaciones para un turismo sostenible” eran:

1. Al planificar su viaje, elija aquellos proveedores que le ofrezcan garantías de calidad y de respeto a los derechos humanos y al medio ambiente.

(Una recomendación difícil de cumplir, cuando la costumbre más extendida es elegir el más barato de los vuelos “low cost”)

2. Utilice los recursos naturales, como el agua y la energía, con moderación. Recuerde que son bienes escasos.

(No está muy claro por qué se recomienda esto al “turista”. ¿Se supone que cuando está en su casa no lo hace?)

3. Trate de minimizar la generación de residuos. Son una fuente de contaminación.

(Vale lo dicho en el punto anterior)

4. Cuando tenga que deshacerse de un residuo, hágalo de la manera más limpia que le facilite su lugar de destino.

(Falta fe en el viajero. Se supone que en su casa tira la basura por la ventana)

5. En un espacio natural procure que la única huella que deje atrás sea la de su calzado.

(Ni se le ocurra aportar nada positivo. Ni conocimientos, ni conversaciones, ni invitaciones. Ni siquiera un beso)

6. Si visita ecosistemas sensibles, como arrecifes de coral o selvas, infórmese de cómo hacerlo para causar el menor impacto posible y no degradarlos.

(Este punto tiene sentido)

7. Al comprar regalos y recuerdos busque productos que sean expresión de la cultura local. Favorecerá la economía de los pueblos que le acogen y la diversidad cultural.

(Lástima que, como me ha ocurrido en el Caribe, el recuerdo local comprado ostentase la leyenda “Made in Taiwan”)

8. No adquiera flora y fauna protegida por el Convenio de Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), ni productos derivados de dichas especies. Es un delito y contribuye a su extinción.

(Este punto también tiene sentido y es digno de remarcar)

9. En su destino disfrute conociendo la cultura, costumbres, gastronomía y tradiciones de las poblaciones locales. Respételas y acérquese a ellas, tienen mucho que contarle.

  1. 10.         Trate de contribuir con su presencia al desarrollo de un turismo responsable y sostenible, construyendo con su viaje un planeta más saludable y solidario.

(Estos puntos de buena voluntad son dignos de encomio)

Siguiendo estas diez recomendaciones el turista contribuirá a conservar la riqueza biológica de la Tierra y a mejorar las oportunidades de desarrollo de muchas personas.

Mi impresión particular y la experiencia en el tema me dicen que el desarrollo por la vía  del turismo, , va,- en el 99 por ciento de los casos,- contra la sostenibilidad.


[1] Globalidad, integración, límites, participación y justicia son las piezas que integran el complejo puzzle del desarrollo sostenible. A partir de estas piezas, los principios concretos que definirían una acción política basada en la sostenibilidad serían: a) la integración del factor ambiental en una política global y en cada uno de los programas sectoriales, regionales o locales de desarrollo; b) la proyección ambiental del futuro en políticas concretas, en programas y en instrumentos de gestión adecuados; c)la aceptación de los límites del crecimiento; d) la compatibilidad de los proyectos a corto plazo con un plan de desarrollo a medio y largo plazo; e) la justicia ambiental representada por la equidad en el acceso de todas las personas a los recursos naturales; f) el derecho a la información ambiental y a la participación de todos los sectores implicados en la elaboración y ejecución de políticas públicas en el seno de un marco democrático; g) los recursos naturales no son ilimitados; h) la virtualidad concreta de la economía de mercado, de sus límites y de sus perversiones; i) los intercambios deben regirse por precios que representen los costes reales –productivos, sociales y ambientales- de los productos o servicios; j) la solidaridad entre los pueblos y las culturas